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NUEVA YORK. Antes de que los Yanquis de Nueva York disputaran su encuentro del jueves, Aaron Judge miró el video del pelotazo que recibió Ronald Acuña Jr un día antes en un juego, y sintió empatía por el novato venezolano de los Bravos de Atlanta.

Después de todo, el jonronero de los Yanquis conoce los riesgos que conlleva el hecho de que algún pitcher, disgustado por alguna razón, decida colocar una recta humeante en las costillas de un bateador.

“Sí, ha pasado antes”, comentó el astro de Nueva York.

Pero, ¿golpear a un bateador sólo por el hecho de que está conectando muchos jonrones? Muchos piensan que eso fue lo que hizo José Ureña, lanzador de los Marlins de Miami. Entre ellos figura el exinicialista y actual comentarista de las transmisiones de los Mets de Nueva York, Keith Hernández, quien no tuvo empacho en defender el hecho de que Ureña le hubiera propinado el bolazo al joven sensación de Atlanta.

Otras personas involucradas con la pelota se mostraron dispuestas a sepultar esta turbia regla no escrita del béisbol.

El derecho dominicano Ureña desató un altercado en que se vaciaron las bancas en Atlanta, cuando impactó el codo izquierdo de Acuña con el primer lanzamiento que le hizo en el juego del miércoles. Acuña había conectado jonrón en el primer turno de tres partidos consecutivos. Además, había logrado cuatro vuelacercas en los primeros tres juegos de la serie ante los Marlins.

Una tomografía y los rayos X descartaron que Acuña hubiera sufrido una lesión grave. El pelotero volvió el jueves a la alineación de Atlanta, en el juego ante los Rockies de Colorado.

Ureña aseguró que simplemente lanzó pegado a Acuña y erró con un “mal pitcheo”. El jueves, fue suspendido seis juegos y multado por una cifra no revelada.

Los Bravos, así como los umpires del encuentro, consideraron que el pelotazo fue intencional.

“Fue una falta absoluta de clase por parte de Ureña”, sentenció el astro de Atlanta, Freddie Freeman.

El manager de los Bravos, Brian Snitker, lideró a los Bravos que irrumpieron en el terreno desde la cueva, en cuanto ocurrió el impacto, para protagonizar el conato de riña.
“No estoy seguro de haberme sentido así jamás usando un uniforme de béisbol”, comentó el piloto.

Al menos una voz prominente del béisbol indicó que Ureña estuvo bien en golpear adrede a Acuña. Hernández, quien obtuvo en compartido el premio al Jugador Más Valioso de la Liga Nacional en 1979, dijo el miércoles, durante la transmisión de los Mets, que en un caso así, “había que golpearlo”.
“Te está haciendo pedazos”, explicó. “Has perdido tres juegos. Él ha conectado tres jonrones. Tienes que golpearlo. Lamento que a la gente no le guste esto. ¿Saben?, había que golpearlo, derribarlo”.
Las palabras de Hernández causaron conmoción entre los Bravos. El relevista Peter Moylan envió un tuit en el que comparó a Hernández con un “payaso”. Chipper Jones, flamante miembro del Salón de la Fama, tuiteó que las declaraciones se habían quedado “muy afuera de la base”.
“¿Así que, de acuerdo con este razonamiento, Jacob deGrom debería recibir pelotazos sólo porque es el lanzador más candente del planeta? ¡NO!”, escribió el legendario pelotero de los Bravos.

El manager de los Yanquis, Aaron Boone, opinó que el pitcheo de Ureña “pareció algo flagrante”.
“Se vio mal”, añadió.
Kevin Kiermaier, veterano de los Rays de Tampa Bay, considera que los pelotazos son justificables en cierto momento y lugar. Recordó que era un novato cuando Tampa Bay propinó dos golpes accidentales en el mismo encuentro a Derek Jeter, el capitán de los Yanquis.
Kiermaier era el primer lanzador de los Rays que batearía en el inning posterior al segundo bolazo.
“Yo sabía que iban a lanzar directamente hacia mí”, dijo. “El pitcher terminó fallando. Yo no tuve problema con eso. Lo expulsaron y a otra cosa”.
Pero Kiermaier sospecha también que al menos un pitcher lo ha tratado de golpear intencionalmente sólo debido a que el veloz jardinero central ha intentado embasarse con un toque de bola en el primer inning de un encuentro. Y eso lo enfurece.
Kiermaier, quien espera el nacimiento de un hijo en noviembre, condena el que los lanzadores quieran golpearlo sólo por jugar bien. Coincidió en que Ureña “no tiene clase”.
“Si estás bateando bien y por eso tratan de golpearte, entonces sí tengo problema con eso”, manifestó.
El manager de los Tigres de Detroit, Ron Gardenhire, dijo que hubiera preferido que los umpires no expulsaran a Ureña de un encuentro de la Liga Nacional.
“Eso hubiera sido un mayor castigo, porque él iba a tener que batear”, explicó. “Yo habría estado furioso si hubiera sido el manager. Lo hubiera enviado a batear mañana, en el primer turno, para que pudieran noquearlo por haber hecho algo tan estúpido”.

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